domingo, 12 de mayo de 2013

Accidente oloroso



Esa mañana, como todas, mi reloj despertador sonó muy temprano, a las 5 am. Como pude, estiré mi brazo y lo apagué para seguir durmiendo otros quince minutos pero de inmediato entró mi señora madre y me dijo –levántate o te echo un balde de agua encima-.

Me alisté tan rápido como pude y cuando sentí la bocina del bus que me llevaría al colegio revisé mis cosas para cerciorarme que no olvidara nada. Libros, regla, transportador, lápices, bolígrafos, dinero para la merienda y uniforme de gimnasia. Al parecer todo estaba en orden pero yo presentía que algo olvidaba. Al escuchar nuevamente la bocina corrí y salí sin despedirme de mis padres. Tan pronto me senté y el bus arrancó, recordé lo que había olvidado: echarme desodorante.

De inmediato palidecí, pese a que hasta ese día nunca había sufrido de mal olor en mis axilas, sabía que mis cortos 15 años junto con la abrumadora agenda física que traía la jornada escolar con sus dos recreos sumado al calor barranquillero podían hacer de las suyas.

Respiré profundo, me tranquilicé y me dije con aplomo –Hoy llevaré un día calmado. Nada de correr, saltar o jugar y no pasará nada-.

Pero como siempre, estaba equivocado. Ese día hizo más calor que de costumbre y por una extraña razón (tacañería de los dueños pienso yo) los salones del colegio no tenían abanicos (ventiladores). Me sentía como en un baño sauna hasta que por fin sonó la campana anunciando el primer recreo. Salí, y según lo planeado, me senté bajo la sombra de un palo de almendro a esperar pasar el tiempo. Pero de inmediato llegaron varios compañeros a decirme que les hacía falta un integrante para completar un partido de bola e´trapo. Quise resistirme a su oferta pero todo fue infructuoso y al cabo de diez minutos estaba pateando el esférico sin camisa bajo el inclemente sol de 10 am.

Cuando terminó el clásico futbolero mi próxima clase era de gimnasia y en los vestieres ya se empezaba a sentir el olor que salía debajo de mis brazos. Uno de mis compañeros gritó a todo pulmón – nojoda, huele a grajo- y yo, como si la vaina no fuera conmigo agregué en son de burla –Martínez, baja los brazos que nos vas a asfixiar-.

En ese momento logré despistarlos y nadie sabía que era yo el del peculiar aroma. Pero todo empezó a cambiar cuando regresamos a ese infierno que teníamos por aula de clase. En mi intento de tratar de detener el olor y que no escapara, mantuve mis brazos pegados al cuerpo. ¡Craso error! Eso hizo que la fetidez se concentrara y la fragancia pasara de cebolla cabezona a puro ajo machacado.

Todos cuchicheaban y se tapaban la nariz apuntando al principal sospechoso, el cachaco Rodríguez, famoso por bañarse sólo una vez por semana. Pero el hedor común de Rodríguez era como a loco nuevo, en cambio lo que se sentía en el ambiente era el físico y popular grajo.

Cualquier duda quedaría despejada cuando la profesora formuló una pregunta y finalizó con -¿Guzmán?- a lo que por puro instinto y reflejo alcé mi brazo lo más alto que pude y dije –aquí señorita-. Todo el extracto de ajo reprimido salió a flote haciendo marchitar unas rosas que reposaban en la mesa de la profesora, varias moscas que revoloteaban cayeron fulminadas, tres de mis compañeros perdieron el conocimiento y el resto salió corriendo sin rumbo conocido.

La profesora como pudo, aguantó la respiración, se tapó la nariz y me dijo –váyase para su casa de inmediato a bañarse y embadurnarse de desodorante-.

Al salir del alma mater pensé que el sufrimiento había terminado, pero a mi calvario aun le faltaba una estación. Como mi casa quedaba bastante retirada del colegio debía tomar un bus que me acercara. Esperé en una esquina por largo rato a que pasara uno que estuviese vacío pero al contrario el siguiente estaba más lleno que el anterior.

Por fin me subí en uno que iba a reventar y justo dicho vehículo no tenía donde uno sujetarse en los espaldares de las sillas. Hice uso de todas mis destrezas para mantener el equilibrio sin agarrarme del tubo ubicado en el techo, pero un intempestivo frenazo hizo claudicar mis aspiraciones por lo que tuve que alzar mi brazo y sostenerme con todas mis fuerzas para no irme de bruces contra el piso.

Al cabo de pocos segundos se sintió el hedor que emanaba de mi cuerpo, y de inmediato todos los pasajeros se bajaron quedando el bus para mi solito. El chofer al darse cuenta de lo sucedido prefirió devolverme el valor del pasaje y me sacó a patadas de su bus.

El resto del trayecto tuve que caminar notando como se alejaban de mí las personas mientras me seguían varios perros callejeros. A mi casa llegué cansado y con mi autoestima por el suelo. Fui directo al baño a quitarme por completo la fragancia que me acompañó durante todo el día.

El suceso me generó un trauma que aun no supero pese a muchas sesiones de terapia en el sicólogo y hoy día siempre cargo un desodorante en el bolsillo del pantalón, uno en el maletín de trabajo, uno en el carro, uno en la oficina y uno más de cojín en mi billetera. Me baño cuatro veces al día, al salir de la ducha me aplico tres tipos de desodorantes y pese a todo nunca me siento protegido hasta llegar al punto de tener la obsesión de oler mis axilas cada minuto.

Si, a mi me dio grajo un día y no me da pena decirlo, el que esté libre de pecado que levante la mano.

ajguz@yahoo.com

sábado, 11 de mayo de 2013

Shower de despedida al maestro Alexis



Unas horas después de publicar mi artículo “Gracias profe Alexis” me di cuenta del grave error que cometí. A mi Twitter llegaron cientos de mensajes de aliento con copia a la cuenta del autoproclamado @maestro_alexis. ¡Óigase bien!, “maestro”, y no “profesor” ni mucho menos “profe” como tuve el abuso y la osadía de llamarlo. Profesor es cualquier fulano, llámese Jirafales,Yarúmo Carlos Antonio Vélez. En cambio un maestro es el autor de una gran obra, como Alexis. Tan solo fue verlo alegar durante el último partido para afirmar que Alexis es todo un maestro de obra.

Pese al apoyo de la fiel hinchada que no quería salir de esta excelente pieza su salida parece inminente. Gente mezquina y mal intencionada no se ha dado cuenta de que el maestro Alexis es un diamante bruto. ¡Bien bruto!

Seamos fuertes, tal vez hoy creamos que no superaremos su pérdida pero el tiempo sabrá sanar las heridas. Ya vimos como el pueblo venezolano afronta la partida de Chávez con “madurez”, los cristianos reemplazamos al frio Benedicto por un argentino humilde y ya van dos años que Uribe perdió la razón y la cordura. Todo, absolutamente todo lo superaremos y lo de Alexis también.

El maestro se va con la frente en alto. Así como comenzó la temporada con un 4 a 0 sobre Envigado se despide con un categórico y contundente triunfo 2 por 1 de su equipo del alma, me refiero al Nacional.
Ante la incertidumbre de su salida me reuní con mi leal amigo Fuad y le pregunté si mantenía su palabra de tenerlo por seis años más y éste me respondió –Si, me mantengo, a Alexis le quedan 6, 5, 4, 3… Pero esa valiosa amistad Char-García no se irá a la basura, es por eso que don Fuad decidió abrirle las puertas al maestro Alexis y hace treinta días ya se está capacitando para hacer los nudos de las bolsas en las Olímpicas. Esperemos que los dos meses del período de prueba sean suficientes para que el maestro Alexis aprenda esa titánica labor.

Su liquidación del Junior en cambio si está en veremos. El equipo atraviesa una fuerte crisis financiera luego de las excelentes contrataciones hechas a principio de año. Mientras se concreta la negociación de Luis Carlos Ruiz con el Manchester United el flujo de caja del equipo se verá afectado. Es por eso que convoco a TODOS los hinchas junioristas a que aporten su granito de arena redimiendo sus puntos Olímpica en las tiendas más cercanas para entregarle sino en dinero al menos en especies una ayuda a nuestro timonel. Un par de anchetas con Pepto-Bismol para que pare de embarrarla y unos rollos de papel higiénico para limpiarse de la diarrea futbolística que nos brindó le serán de mucha utilidad y el maestro sabrá agradecernos.

El maestro Alexis está tranquilo y sabe que su futuro dentro o fuera del Junior está garantizado (ver declaraciones). Con lo que se ganó cualquiera estuviera tranquilo. Pero su carrera no termina aquí y ya tiene trazado su norte, ojalá que sea en Corea del Norte. La seguridad de ese país no permitirá que se filtre información vital de sus tácticas por Twitter y por más que los periodistas se metan con él será como si le hablaran en chino.

Es cierto, el maestro Alexis se nos va. Ahora solo queda despedirlo como se merece y como su fan número uno tomo la responsabilidad de organizarle un gran agasajo. Todos los junioristas están cordialmente invitados. Habrá comida de goles a cargo de Dayro Moreno, ambiente familiar, parqueadero vigilado por Viera y todo niño paga su boleta. Para mayor información haga clic aquí.

Para ambientar la reunión pasaré una cinta con los mejores momentos del Junior bajo su mando. No se preocupen, no los aburriré, será un video de no más de diez segundos. Mientras los adultos se divierten de lo lindo descargando todo lo que sienten por Alexis, los niños podrán jugar “Póngale la cola al burro”, si el maestro se los permite.

De regalo que cada cual traiga lo que su corazón les dicte, puede ser un Fetuche, un Armaño, un Canorte, cualquier cosa será bienvenida. Los obsequios se los entregaremos envueltos con otros paquetes como Edwin Cardona, Jonathan Álvarez, Diego Álvarez y el panameño Gabriel Gómez.
Al finalizar la fiesta todos le dedicaremos una canción al maestro Alexis y que mejor pieza para cantarla el alma que “Olvídame y pega la vuelta” del dúo Pimpinela.

Aun no se ha ido el maestro Alexis y ya se siente su ausencia. Es como si el Junior no hubiese tenido técnico en estos cinco meses. Ya se percibe un cierto aliento etílico mezclado con cabellos de burra para recibir el terreno abonado que dejó el maestro Alexis. Pero, así como los resultados de la selección Colombia son obra de su paisano Bolillo, si en tres, cinco o diez años el Junior vuelve a ser campeón estará claro que todo fue obra del maestro.

Maestro Alexis, ¡buen viento y buena mar!

ajguz@yahoo.com
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jueves, 28 de marzo de 2013

Costeño se escribe con Ñ



-Ñerda viejo Mañe, ¿y esa cara?

-Habla Carliño, todo bien. No marica ayer me comí ocho caribañolas y me cayeron barro.

-Nojoñe Mañe, ocho caribañolas le caen mal a cualquiera.

-No, y pa´remate de ñapa me comí cinco piñitas en la tienda de la seño Marta.

-Nojoda, ¿y de dónde sacaste plata si tú estabas más pelao que el jopito del niño Dios?, ¿acaso te metiste en la piña de la política?

-Nombe nada, ¿te acuerdas de la moto ñacarosa que tenía?, la semana pasada me pegue una matada y me di en todo el ñango y decidí venderla, pero como nadie me la quiso comprar la dejé en la peña y me dieron un billete.

-Oye, aprovechando que estas entulado por qué no me pagas lo que me debes de la última marimonda que nos metimos y me pusiste el canal panameño.

-Ja ja ja, joda Carliño, tu molestas más que un uñero.

-Eche y qué, ¿te va a entrar la risueña? No te las tires de loco y págame.

-Ñerda viejo man deja eso así, no seas tacaño y más bien acompáñame al parque a tirarme unas barritas.

-¿Y esa vaina que se te dio por hacer ejercicio si tú eres más flojo que ñoño?

-No marica, es que quiero ponerme piñuo pa´ver si me quito la rasquiñita que tengo con Toño que me quiere quitar la lea y se va a mamar su muñequera.

-¿Cuál lea?, ¿Carmiña, la que siempre usa un moño rosado?, ¿esa vieja si te da la hora?

-Añoñi, ¿tú qué crees?, si lo que es ella y la mitad de las niñas de la cuadra botan las babas por mí.

-Tu juras, vas a morí engañao, no le has cogido una teta y ya estás encoñao. Bueno vamos, pero además de ejercicio debes comer buena yuca y ñame con suero pa´ ver si te da cañaña porque al Toño le pesa la mano y donde te zampe un puño te sienta.

-Así me toque meterle un peñón en el tarro lo jodo porque lo jodo. Vamos y de ahí salimos a la casa a ponernos una pinta bien muñeca e´burro y me acompañas al bar del ñato que ahí siempre van unos bollitos a ver si logramos acuñar a unas cuantas.

-Nombe, ahí no aguanta la rumba, todo el mundo baila añuñio y con esa recostadera puedo salirpreñao.

-Ay ñero, ¿me saliste pupy?, no me vengas metiendo mono que yo te he visto bailando en la 100 sudao y oliendo a pura cañandonga.

-Joda Mañe, tu eres la ñeca, no se te escapa ni una. Vamos, pero esta vez pagas tú.

Antonio Javier Guzmán P.
ajguz@yahoo.com
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lunes, 18 de marzo de 2013

“Gracias profe Alexis”



Hace mucho tiempo que los hinchas del equipo tiburón no estábamos tan unidos en un mismo pensamiento como en estos momentos. Todo gracias a la labor como Director Técnico del profesor Alexis García. Estábamos tan dispersos siendo falsos seguidores del Real Madrid y Barcelona que nos habíamos olvidado del equipo de nuestros amores. Pero todo eso quedó en el pasado y ahora todos hablamos del Junior, de Alexis, de su progenitora.

Gente mal intencionada y sin escrúpulos ha querido sabotear su gran esfuerzo. ¡Inhumanos!, no saben que lo de Alexis es un proceso que lleva tiempo y dedicación, o es que acaso ¿creen que Josep Guardiola construyó al Barca de la noche a la mañana? García va a su propio paso, que no tenga ritmo es otra cosa.

Bajo su dirección el equipo sólo lleva 5 puntos de 21 posibles (4 derrotas), pero cómo va a ganar el equipo si cualquier técnico rival que ingrese a Twitter ahí mismo sabe las tácticas del Junior. No es justo, esa clase de trampa es la que tiene al país hecho trizas. Como dice ese gran genio del fútbol Ricardo Henao Calderón, “juego limpio por favor señores”.

Afortunadamente ha contado con el apoyo incondicional del gran cacique Fuad Char, hombre noble, honesto, desinteresado y de una sola palabra, sino que lo digan Umaña, Quintabani, Cheché Hernández y el mismo Giovanni Hernández (lea aquí Palabra de Gallero). Don Fuad, sin dudarlo le ofreció extenderle el contrato por seis años más y Alexis en retribución lo propuso como Presidente de la República. Bajo su mandato, el próximo Alcalde de Barranquilla sería Alexis y no uno de sus hijos y con los dos en el poder si que veríamos el progreso, sino de la ciudad y el país al menos de sus bolsillos.

Quienes dicen que Alexis no tiene nada en la cabeza para dirigir al equipo pecan de incrédulos. Para la muestra tenemos a Antonio Char que sin estrenarse el cerebro lleva ya varios años como Presidente del equipo rojiblanco.

Alexis, de la mano de la familia Char, tan hábil para los negocios ha pensado en diversificar al equipo y convertirlo en Aserradero Junior, cuyo eslogan sería “Troncos al por mayor y detal”. He ahí a un líder, un visionario.

Es que no entiendo por qué se ensañan con él, no tiene sentido. Si vamos a las estadísticas nos daremos cuenta que como técnico lleva ganados el mismo número de Copas Libertadores de América que Guardiola, Ferguson y Mourinho.

¡Pobre hombre!, dejó la comodidad de su ciudad para alojarse en tierra ajena viviendo con un sueldo de ochenta millones de pesos mensuales que apenas le alcanzará para comprar unas cuantas fincas en Rionegro y Llanogrande y sin embargo, no hacemos otra cosa que atacarlo.

Guardo la esperanza que el nuevo Papa pida por su permanencia y que desde arriba Hugo Chávez interceda por su elección como entrenador de la selección Colombia.

No me puedo imaginar al profe Alexis fuera del Junior, y de solo pensarlo me da escalofrío, pero creo que merece ser el técnico de un mejor equipo. Tal vez técnico de lavadoras, neveras y cualquier otro equipo de marcas como Whirpool, LG o Samsung. Pero seamos realistas, el centro de Barranquilla no aguanta un paisa más y allá la competencia es más fuerte que en el fútbol colombiano.

El ha sido el gran artífice del descubrimiento de ese crack que se hace llamar Edwin Cardona, quien con unos kilos menos y dos tarros de keratina en el cabello podremos decir que es nuestro Neymar colombiano.

También ha tenido paciencia con Luis Carlos Ruiz, y eso ya es mucho decir. Pero el profe tiene entre ceja y ceja convertirlo en un gran futbolista y si su paisano Francisco Maturana hizo de Aristizabal el mejor jugador del mundo sin balón, Alexis hará de Ruiz el mejor jugador del mundo sin neuronas.

Es que los que no saben de buen fútbol siempre son los que más alegan. El Junior sufre una gran crisis, es cierto, las porristas son cada vez más feas, las butifarras subieron, Dayro Moreno nada que se lesiona, el parqueadero subió, pero nada de esto tiene que ver con el profe Alexis y su gran carisma.

Gracias a Alexis se han roto muchas marcas y los quipos que antes odiaban jugar en el calor insoportable del Metropolitano ahora se pelean por tener de rival al Junior en Barranquilla. Nos prometió un Junior delicioso y en siete fechas ya lo consiguió, lo ratifican Once Caldas, Pasto, Cúcuta y Santa Fe que se comieron al Junior de un solo bocado y les pareció “exquisito”. A eso llamo yo un tipo entregado al prójimo, como el mismo Jesucristo en plena Semana Santa.

Por todo esto y por lo que le falta por darnos: ¡Gracias profe Alexis!

Antonio Javier Guzmán P.
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viernes, 15 de febrero de 2013

La pareja perfecta


En Barranquilla muchos dicen que es un mito urbano, otros tantos juran al cielo asegurando la veracidad de los hechos y un grupo no menor afirma que es la combinación de ambas partes.

Lo cierto es que cuenta la leyenda acerca de una pareja de esposos que llevaban un matrimonio con muchas dificultades. Problemas económicos, peleas y desaires estaban a la orden del día entre Liliana y Jaime de 31 y 35 años respectivamente.

No pasaba un solo día en que Jaime le reclamara a su esposa por tener la casa en desorden y a su vez Liliana le ripostaba atacándolo con las obligaciones bancarias y otros menesteres. La intolerancia estaba en su punto límite y en sus cabezas ya rondaba la idea de un divorcio.

No pasó mucho tiempo para que Jaime se buscara una moza con la cual suplía sus necesidades sexuales y mermaba el estrés que le generaba su situación conyugal. Como un ritual, todos los viernes en la tarde salía dos horas antes de la jornada laboral y se reunía con Mónica, una ex compañera de estudio a la que le traía ganas tiempo atrás.

El punto de encuentro entre ambos era una heladería ubicada a sólo dos cuadras de la oficina de Jaime, se saludaban y tomaban un taxi que los llevaba directo a un motel ubicad en las afueras de la ciudad.

Allí, en un par de horas, libraban una batalla campal cuerpo a cuerpo de pura pasión desenfrenada. No había cabida para el amor, entre ellos era puro y físico sexo.

Al terminar la faena, ambos aseaban sus cuerpos ultrajados con jabón chiquito y se vestían con suma rapidez para tomar de nuevo un taxi que los llevara cada uno a su destino.

Sin importar lo bien que la pasaba, Jaime llegaba de mal humor. Liliana no se quedaba atrás y le ponía cara de escopeta sin preguntarle siquiera cómo había sido su día de trabajo. Tan pronto se cruzaban sus miradas empezaban los reclamos, improperios y ofensas de alto calibre.

En seis meses nada de eso cambió. Jaime siguió viéndose religiosamente a las 4 pm cada viernes con Mónica y la relación conyugal se iba deteriorando cada vez más sin vislumbrarse un punto de retorno.

Un viernes cualquiera, como siempre, Jaime se encontró con su amante en la heladería, se saludaron como de costumbre y tomaron el taxi que los conduciría al motel del que ya casi eran clientes VIP.

Justo cuando iban entrando, salía del motel un carro que de inmediato llamó la atención de Jaime. A medida que se acercaba el vehículo confirmó sus sospechas. La placa coincidía con la de su carro. Por lo angosto de la entrada los dos vehículos (el entrante y el saliente) pasaron muy de cerca. Jaime vio con ojos despavoridos el rostro de su esposa manejando su propio carro y a su lado un muchacho que no superaba los 22 años de edad. Lentamente sus miradas se cruzaron y sus caras reflejaron una mezcla de asombro, ira, vergüenza y compasión.

Finalmente Liliana se alejó y el taxi dejó a Jaime y Mónica en la habitación de turno. Esa tarde, como era de esperarse, Jaime no levantó cabeza y le fue imposible cumplir sus deberes con Mónica. Pasó dos horas sentado en la cama, callado y pensando cómo afrontar el momento de la llegada a su casa. ¿Sería capaz de reclamarle a su mujer?, ¿con qué cara podría juzgarla si él estaba en las mismas?, ¿desde cuándo lo engañaba su esposa?, ¿quién era ese joven y dónde lo conoció? Miles de interrogantes rondaban su cabeza pero a la vez sentía pánico por resolverlos.

A las 6 pm se levantó de la cama que ésta vez permaneció intacta sin sufrir los azotes de la pasión. Jaime se despidió de Mónica con un simple "adiós" que pareció definitivo. Cada uno tomó su taxi y quince minutos después Jaime entró a su casa con el corazón a punto de estallarle.

En la cocina lo esperaba su esposa bien arreglada con una suculenta comida: carne en bistec con arroz blanco y ensalada verde, el plato preferido de Jaime. -¡Hola mi amor!, ¿cómo te fue en el trabajo?-, preguntó Liliana como si nada hubiera pasado y una sonrisa de oreja a oreja mientras le estampaba un sonoro y dulce beso a Jaime en la boca. Impávido y sin saber qué hacer, éste le respondió –Bien mi amor, ¿y a ti como te fue?-

Charlaron amenamente por un buen rato, Jaime dejó a medio terminar su plato y posterior a eso se fueron a la cama, hicieron el amor hasta el cansancio y durmieron en cucharita como hacía años no dormían.

Ninguno de los dos mencionó palabra alguna acerca del capítulo del motel. Para ellos, fue como si nunca hubiera sucedido. Días después, Liliana siguió saliendo con el joven y Jaime hizo lo propio con Mónica.

Desde aquella tarde donde el destino los cruzó con la realidad, su matrimonio cambió. Por arte de magia las peleas, conflictos, improperios y juicios desaparecieron. Hoy día tienen diez años de casados, dos hijos de 8 y 5 años y llevan una relación armoniosa. Sus familiares y amigos dicen que son la pareja perfecta. Sólo Jaime, Liliana, Mónica y Jaime conocen la verdad.

Antonio Javier Guzmán P.
ajguz@yahoo.com
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domingo, 20 de enero de 2013

"Una vida sobre ruedas". La Historia de Jaime Cotes


A mi amigo Jaime Cotes Escolar lo conocí en el colegio cuando teníamos tan solo cinco años de edad. Crecimos bajo el mismo régimen cuasi militar del Liceo de Cervantes. Camisa por dentro, pañuelo, caminar por la línea amarilla, cabello corto, rezar en cada cambio de clase y otras tantas cosas que para bien o para mal nos dieron una formación que sirvió de base para los valores que hoy día conservamos.

Nuestras madres eran amigas cercanas, por lo que fue muy común que yo pasara mucho tiempo en su casa y él en la mía. Ir a su casa era sinónimo de pasarla bien, bañarse en piscina (no había muchas disponibles por esos días), buena y abundante comida preparada por su madre, la señora Carmen y jugar Don King Kong en su Atari que cuidaba como a una novia.

Como estudiante Jaime nunca fue una lumbrera, al igual que yo pertenecía al selecto grupo del montón que pasaba el año con dios y ayuda. Bueno, lo reconozco, el era más disciplinado que éste servidor. Al sonar el timbre que indicaba la hora del recreo era el primero que se iba corriendo hasta un pequeño parque del colegio donde realizaba sus ejercicios con total disciplina. Mientras el resto jugábamos fútbol, beisbol, basquetbol o cualquier otra cosa, Jaime se colgaba de una barra y allí hacía un sin número de ejercicios que le permitieron desarrollar una importante masa muscular.


La calidez humana de Jaime y su sonrisa metálica producto de los famosos “frenillos” de entonces le permitieron rodearse de muchos amigos. Compañeros del colegio, vecinos y familiares nos deleitamos sin cesar de sus ocurrencias y buen estado de ánimo. Por más que hurgo en mi memoria no recuerdo haberlo visto de mal genio o pelando con alguien.

Así, el 1ro de diciembre de 1989, con muchas ilusiones, metas y sueños concluimos nuestra etapa académica en el colegio al graduarnos de bachilleres. Ese día todo era felicidad, el esfuerzo de muchos años había dado sus frutos y estábamos al borde de ingresar a la universidad. Yo me decidí por la ingeniería industrial y Jaime eligió estudiar Ingeniería Electrónica en la ciudad de Bogotá ya que en Barranquilla aun no estaba disponible dicha carrera.

Pero un mes después (1ro de Enero de 1990) todo cambió. Tras darse el feliz año con su madre y hermanos Jaime se fue caminando con Luis, un ex compañero y vecino, a la casa de Ana María una amiga en común a la que Luis le echaba los perros. En el camino se encontraron con Rodrigo, otro de nuestros compañeros de colegio, quien conducía un Volkswagen escarabajo color blanco. Éste se ofreció gentilmente a llevarlos y en el camino el carro presentó una falla mecánica haciendo que fueran a dar contra un poste.

Lo recuerdo como si fuera ayer, me encontraba jugando futbol con varios compañeros del colegio cuando Juan José Goenaga llegó corriendo y agitado nos dijo –Jaime Cotes se accidentó esta madrugada en un carro y está bastante delicado-. De inmediato todos dejamos de jugar y nos fuimos directo a la Clínica Del Caribe donde se encontraba en cuidados intensivos. Allá estaban los curas del colegio, familiares de Jaime y trescientas personas más. El primer parte del médico, Humberto Caiaffa, fue devastador: la vida de Jaime corría peligro y además se había quebrado la columna y quedaría inválido.

Una semana después lograron estabilizarlo y Jaime despertó. Su habitación estaba literalmente forrada en tarjetas de familiares, amigas, amigos, vecinos y allegados. Todas dándole ánimo y deseándole una pronta recuperación. La noticia se la dio el doctor Caiaffa. Las vertebras C6 y C7 trituradas lastimaron la médula espinal a ese nivel por lo que tuvieron reconstruir dichas vertebras con huesos de su cadera. Jaime no podría volver a caminar.

En ese momento cualquiera se hubiera echado a morir y tendría motivos de sobra. Pero no, Jaime de inmediato tomó la firme decisión de salir adelante con su vida. Su madre, una admirable mujer quien había quedado viuda desde que Jaime tenía 11 años y que con tesón había criado sola a cuatro hijos fue su principal motivación para recuperarse cuanto antes.

Luego de permanecer un año completo en la clínica donde presentó varias complicaciones Jaime fue dado de alta para empezar con su rehabilitación. El proceso fue duro y doloroso física y emocionalmente. Jaime pasó de valerse por sí mismo a estar cien por ciento dependiente de su hermano Alberto quien se dedicó a él con alma, vida y corazón. Sus hermanas Maria Antonieta y Soraya no se quedaron atrás y fueron el soporte emocional y financiero para esa etapa tan dura.

Jaime permaneció en Barranquilla intentando recuperarse en varios centros asistenciales pero los avances fueron mínimos e insuficientes. Buscando las mejores alternativas en instituciones para su rehabilitación encontraron en Cuba el Centro Internacional de restauración Neurológica (CIREN). Allí pasó Jaime sólo dos meses pero que le sirvieron para avanzar lo que no había conseguido en dos años estando en Barranquilla, lograr la mayor independencia posible con su limitación, lo que se llama “autovalidismo”.

Cinco años después del accidente, 1995, Jaime se encontraba listo para seguir en la búsqueda de sus metas y se matriculó en la Universidad del Norte en la facultad de Ingeniería Eléctrica. Allí nos encontramos, fue muy duro para mi verlo en silla de ruedas y admito que las primeras veces que lo vi hice lo que pude por evadirlo por no saber que decirle. Cuando por fin me decidí, me di cuenta que a pesar de estar un poco más delgado y que su voz había cambiado era el mismo Jaime que conocí en el colegio. Su sonrisa estaba allí presente iluminando cada rincón del alma mater. Sus sueños estaban intactos y haría cuanto fuera necesario por conseguirlos.

¡Y así fue! Cinco años más tarde, 2000, conseguiría su título de Ingeniero Eléctrico y de inmediato su primer trabajo como Webmaster en el centro de informática de la Uninorte. Dicho empleo lo supo combinar con una especialización en redes de computadores, misma que culminó con éxito en el 2002.

No conforme con esto Jaime siguió preparándose y ésta vez tomó el reto de hacer una Maestría en Administración de Empresas para tres años después conseguir el mencionado título. Para ese entonces su tiempo lo distribuía entre ser Catedrático en la Universidad del Norte, su nuevo trabajo en Metrotel como Ingeniero de Soporte y su empresa de modelaje y fotografía de nombre Zoom 10.

Por si fuera poco en el 2006 culminó la Maestría en eBusiness y en el 2010 la Maestría en Social Media Managment (Marketing en Redes Sociales). Hoy día conserva su trabajo en Metrotel y lo alterna con sus dos grandes pasiones: dictar clases en el Departamento de Administración de Empresas para la Escuela de Negocios en las asignaturas de “Gerencia Innovadora” y “Creación de Empresas de Base tecnológica” en la Universidad del Norte donde se ha ganado dos años consecutivos el premio a la excelencia como docente La otra pasión es tomarle fotos a bellas modelos para catálogos y para la cual siempre le he brindado mi colaboración pero lastimosamente nunca la ha requerido.

Su vida social no se queda atrás y literalmente podemos decir que no se pierde una. Si hay una fiesta de la empresa, allí está Jaime. Si inauguran algún sitio, allí está Jaime. Si hay una comparsa en Carnavales, allí está Jaime. Cada fin de año es uno de los encargados de la logística para motivar y reunir a nuestros compañeros del colegio y siempre llega puntual a la cita en su carro especialmente diseñado para su uso. Al llegar a cualquier sitio Jaime saluda más que reina de pueblo, su carisma y personalidad le han hecho acreedor de un cariño especial por donde quiera que vaya. Aunque en las mieles del amor, hoy no cuenta con su media naranja, ha tenido varias novias que han gozado de su fiel compañía. El casarse no está en sus planes inmediatos pero si Cupido llama a la puerta con la mujer ideal él dice que se dejará atrapar sin oponer mucha resistencia.


La discapacidad de Jaime no ha sido impedimento para conseguir sus sueños. No ha sido tarea fácil, sobretodo en una ciudad donde la accesibilidad al medio físico aun se encuentra en pañales. Él ha sido uno de los motivadores a cambiar el diseño de las vías de circulación para la Universidad del Norte lo que le ha ayudado en gran medida a desenvolverse como pez en el agua en éste centro estudiantil. Sin embargo, no todo es color de rosa y Jaime cuenta que muchas veces la gente por desconocimiento o falta de conciencia ciudadana se estaciona en los parqueaderos exclusivamente diseñados para las personas con alguna discapacidad.

Cada vez que nos reencontramos, Jaime me da una lección de vida. Mientras yo, encerrado en mi mundito, a veces no hago más que quejarme del país, la falta de oportunidades y otras tantas cosas, él le pone buena cara a la vida. Mientras yo llevo años decidiéndome por abrir un negocio el siempre llega con una empresa concretada. La última de ellas se llama eticbusiness.com, una firma que se dedica la creación de sitios Web y todo lo que tiene que ver con negocios en la nube. En esta empresa tiene como meta lograr traspasar las fronteras y emplear a más de mil personas de las cuales la mitad sean personas en situación de discapacidad y mujeres jóvenes madres solteras o cabeza de familia. Con el empeño, dedicación y sacrificio que le pone a todo lo que emprende estoy completamente seguro que lo va a lograr.


Algunos sacamos un millón de excusas para postergar proyectos, Jaime sencillamente donde pone el ojo pone la bala. No me pregunten cómo lo hace, pero la verdad es que tiene más cartones que un gamín. Ahora mismo tiene entre ceja y ceja un ambicioso proyecto. De la mano de la Universidad del Norte está liderando la creación de una Maestría en Marketing Digital.

Si les preguntáramos a sus estudiantes, compañeros de colegio, universidad, modelos, amigos y familiares que es lo que más admiran de Jaime tal vez muchos mencionen el temple y decisión para conseguir sus metas pero en lo que sin lugar a dudas todos coincidiremos es en la alegría que el transmite.

La historia de Jaime me inspira a ponerle corazón a lo que hago, a valorar lo mucho o poco que tengo y a poner en marcha con alegría los cientos de planes que tengo en mi gaveta. “La vida es una sola y hay que aprovechar las oportunidades, sino las hay, tenemos que crearlas” me dice Jaime con su incansable sonrisa… y vaya que si tiene razón.

Si algún día te encuentras con Jaime y decides preguntarle “¿cómo estás?” el seguro te responderá con su característica expresión de felicidad y el dedo pulgar apuntando hacia arriba diciendo “todo sobre ruedas”.

Antonio Javier Guzmán P.
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